Estos son los elementos clave de una presentación efectiva

*Tomado del libro “3 Herramientas para comunicarte bien en tu trabajo, estudios y en tu día a día” por Alex Pinilla y Alejandra Azcárate.

Una presentación efectiva es magnética, llega al público y lo atrapa.

Si la persona que está realizando dicha presentación no logra capturar la atención de la gente, está perdida, y aunque existan técnicas y teorías que indican cómo lograr el cometido de que el mensaje llegue claro, al final el público se conecta de manera mágica.

Por mucho que se estudie y se analice, a la larga nada en este arte está escrito. Pero sí es posible generar un contexto para que surja lo mejor de nosotros mismos, y esa es nuestra responsabilidad y no algo que deba dejarse al azar.

Preparación

Elementos como la estructura escrita, la preparación, la conciencia y el control que se tenga sobre las herramientas del cuerpo, la voz y el mensaje sin duda nos ayudarán a lograr esa presentación efectiva y atrapante con la que todos soñamos.

Eso es lo primero.

Generar emoción

Lo segundo pasa por pensar en generar emociones en los espectadores.

Es necesario –y esencial– tener un discurso estructurado, documentado, bien argumentado, pero si es plano y no genera algo entre quienes lo escuchan, se pierde.

Risa, rabia, nostalgia, reflexión, sorpresa… Piensa en los sentimientos que quieras, pero tu discurso no debe carecer de ellos.

Al final, al público se le olvidan los datos y las estadísticas, pero nunca olvidará cómo se sintió con una frase, con un apunte, con una idea… Nunca olvidará cómo lo hizo sentirse.

Las emociones por encima de todo.

Una conclusión 

Tercero y último, pero no menos importante: a los espectadores hay que dejarles algo, que salgan del discurso con una idea, una conclusión.

Tú solo debes preocuparte por decir bien lo que tienes que decir, que si lo logras, automáticamente generarás un efecto entre los oyentes y tu esfuerzo no habrá sido en vano.

Si te sirve, piensa que tu objetivo principal es que la gente salga diferente a como entró, que tu mensaje logre cambiar algo en ellos: la manera de pensar, de actuar, la percepción de algo.

Si sientes que no tienes algo relevante que decir, el silencio es bienvenido.

Winston Churchill
“A menudo me he tenido que comer mis palabras y he descubierto que eran una dieta equilibrada.” —Winston Churchill

ADEMÁS: Percepción, Contundencia y Emoción, los tres momentos

Hablar claro es un don, y como todo don, unos nacen con él y otros no, lo que no significa que no se pueda adquirir y fortalecer con la práctica.

En diferentes escalas, todos tenemos dificultades para expresarnos. Si no es la timidez es el vocabulario o el miedo a lo que vayan a pensar de nosotros. 

Quienes han pasado por EL LOCUTORIO han coincidido en estos y en otros temores, pero han sabido enfrentarlos y salir fortalecidos de los ejercicios e instrucciones que han recibido.

Y aunque nuestros alumnos han coincidido en que un buen orador debe tener pasión, credibilidad, sentido común, magnetismo, contundencia y fluidez, entre tantas otras habilidades, una característica es clave para lograr todo eso: coherencia.

Puede sonar obvio, y hasta rara, pero quien tiene coherencia en el discurso tiene la mitad de la tarea hecha.

Comunicación 4.0

El entrenamiento de El Locutorio para convertirte en un mejor comunicador en entornos virtuales y presenciales.

A veces la voz expresa una cosa, los ojos otra, el cuerpo manifiesta otra distinta y el contenido resulta ser diferente a todo eso que estamos manifestando.

Por eso lo que hacemos en EL LOCUTORIO es alinear esos elementos para que voz, cuerpo y mensaje tengan estructura y vayan en la misma vía.

Para lograr dicha coherencia, decidimos dividir el entrenamiento en tres temas fundamentales: percepción, contundencia y emoción.

1. Percepción: ¿Cómo me ven ante lo que voy a decir?

Mírate en el espejo por mañana, ¿te gusta lo que ves? Es muy probable que así como te percibes tú mismo te perciban los demás. Y no es solo la ropa que usas; son tus movimientos, la posición de tu cuerpo.

Si tu cuerpo proyecta seguridad, el mundo te verá así.

2. Contundencia: ¿Qué es lo que voy a decir?

¿Qué quiero decir cuando hablo? ¿Cuál es mi mensaje? ¿Tengo de verdad un mensaje? ¿Qué quiero obtener con lo que digo? Todas son preguntas válidas y necesarias.

Cuanto mejor y más sinceramente las respondas, más claras y contundentes van a ser tus palabras.

3. Emoción: ¿Cómo lo voy a decir?

De nada sirve que tengas el discurso mejor estructurado si no le metes sentimientos.

El contenido es importante, pero las sensaciones que transmita son lo que le va a asegurar que tu mensaje llegue hasta el otro lado. Ni apático ni excesivamente apasionado, todo en un punto medio donde se equilibren lo fáctico y lo emocional.

Y no solo es cuestión de voz y de palabras, recuerda siempre que los ojos también hablan y el cuerpo los acompaña.

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