Extraño ver cine

No sé para dónde va el cine, pero se está poniendo aburrido, como si se hubiera quedado sin ideas o estuviera apostando a la fija. Las grandes producciones se llenaron de películas de superhéroes, remakes, secuelas, precuelas e historias fantásticas traídas de los cabellos. Cada año hay, como mínimo, una nueva película del Universo Marvel, una entrega de Parque Jurásico y una historia alterna de La guerra de las galaxias. Y lanzan todo eso y más porque saben que nos comemos cualquier sobra que nos echen en el plato; en los últimos años ha habido más actores interpretando al Hombre Araña que presidentes en Argentina.

No paran: reversiones de 101 dálmatas, Home Alone, Blade Runner, Highlander, Willy Wonka, Chucky, Matrix, West side story; continuaciones de Kingsman y de hasta películas poco memorables como Jóvenes brujas, que ahora se llama ‘Jóvenes brujas: nueva hermandad’. Siempre nos quieren enganchar con títulos clásicos, pero le adicionan expresiones tipo ‘El despertar’ o ‘Los orígenes’.

Es normal y a la vez triste que las reglas del juego cambien, las del cine también, es como si el mundo que conocimos estuviera muriendo. Antes había un gran espía, James Bond, y sus películas eran inconfundibles. Ahora están Jason Bourne, John Wick, Jack Reacher y quién sabe cuántos más, que Dwayne Johnson hace tres películas de acción al año y ni cuenta nos damos. Hasta Saoirse Ronan hizo a los dieciséis años una peli donde le daba por la cabeza a cuanto agente de la CIA y despiadado asesino a sueldo que se le cruzaba.

Y no solo es que los protagonistas de estas historias sean unas armas letales, sino que tienen también más sentido del humor que George Carlin. Así, durante dos horas se enfrentan a medio mundo y cada tanto en medio de las peleas sueltan frases llenas de inteligencia y cinismo.

Como dijo el humorista inglés Ricky Gervais la última vez que presentó los Globos de Oro, “La mayoría de las películas son horribles, aburridas; reversiones y secuelas. Ahora los actores de Hollywood hacen fantasía y aventuras tontas; usan máscaras, capas y disfraces ajustados. Su trabajo ya no es actuar sino ir al gimnasio dos veces al día y tomar esteroides”.

Igual, es lo que el público pide, sin espectadores no existiría la avalancha de películas de ese estilo. Son sonsas, con guiones pobres, historias predecibles y un montón de escenas de acción sin justificación. Y aunque es bello no dejar de ser niño nunca, es medio infantil ver el mundo en términos de superhéroes y villanos. Es como si casi ningún personaje de la gran pantalla pensara ni sintiera nada. Y sí, de Hollywood no se esperan necesariamente obras de arte, pero sería agradable un poco de sensibilidad medianamente creíble, no emociones superficiales.

Es que, sin importar el estudio, el director o los actores, nos están vendiendo la misma historia una y otra vez. Es una fórmula, una receta a la que este crítico del video que a continuación les comparto la ha llamado ‘Cine algoritmo’, algo que suele tener más o menos los mismos ingredientes, entre los que se encuentran un gran presupuesto, un director maleable, actores bellos, efectos especiales, escenas en diferentes partes del mundo y un final abierto para poder hacer secuelas. Acá la explicación.

No sé ustedes, pero yo echo de menos ver historias normales con gente que no usa trusa. Quiero emociones, pero no las que producen las explosiones sino las más primarias: la alegría y la rabia, el desengaño y el deseo. Quiero que un personaje se vaya de viaje y le pase lo que le podría pasar a cualquiera, no que quieran matarlo, que se vea envuelto en un caso de espionaje o que descubra que tiene poderes sobrenaturales. Quiero una historia que me cuestione y me haga explorar el alma humana, no que me haga querer hacerle el quite mientras me entretiene por un rato.

Adolfo Zableh Durán es periodista y columnista de varios medios de comunicación en Colombia. Además, ha participado como coach en entrenamientos de El Locutorio.